jueves, 29 de noviembre de 2012

¡Importante!


¿Estudias en un colegio Menesiano y te apetece participar en una convivencia vocacional los días 11 y 12 de enero? Pues esta es tu oportunidad, para apuntarte solo tienes que pinchar aquí y seguir los pasos


Un proyecto internacional está por llegar, más información en las próximas convivencias que tengáis

domingo, 11 de noviembre de 2012

Evangelio del día: Marcos 12,38-44


En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»




jueves, 8 de noviembre de 2012

Afilar el hacha

El otro día en Proyecto Encuentro por la mañana nos leyeron este cuento:

Un hombre llegó a un campo de leñadores en las montañas, en busca de trabajo. Deseaba ganar mucho dinero porque su familia lo necesitaba. Se sabía fuerte y con gran capacidad de trabajo. Y es así que, lleno de entusiasmo, empezó su primer día trabajando arduamente. Y como resultado, pudo cortar muchos árboles. ¡¡Qué bien... esto va muy bien!!, se dijo.
El segundo día,trabajó tanto o más esforzadamente que el primero, pero sucedió que su rendimiento apenas fue la mitad del primer día. Y bien, en el tercero se propuso entonces mejorar su rendimiento, y trabajar aún con más ahínco. Así que se concentró intensamente y aplicó todo su empeño y todas sus fuerzas dando sus más fuertes hachazos contra los árboles, pero eso de nada le sirvió. Su rendimiento empeoró...
Observó a un lado a uno de sus compañeros, que mantenía un rendimiento constante y sin necesidad de trabajar tantas horas como él lo hacía. Vio que se tomaba descansos y que parecía estar siempre relajado y pleno de energía. Se preguntó: ¿y cuál será el secreto que lo mantiene así?
El capataz, viendo el gran entusiasmo que le ponía pero los pobres resultados que obtenía en su trabajo de joven leñador, le preguntó: "¿Oye amigo, y cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?" El joven le respondió: "No, pues no lo he hecho, NO he tenido tiempo de hacerlo; he estado muy ocupado cortando árboles".
Mas, en ese momento se dio cuenta del aquel secreto de su compañero de trabajo: Cada vez que él se tomaba un descanso, utilizaba parte de ese tiempo en afilar su hacha...
Después de leer esto, una pregunta me venía a la cabeza: ¿Me detengo a "afilar mi hacha", a renovar mis propias capacidades? Me quedé un rato pensando, yo que soy de hacer cosas y cuantas más mejor, que la rutina me envuelve, que tengo que estar activa, siempre haciendo cosas con los demás, ¿me paro? ¿Cuánto tiempo me dedico, me renuevo por dentro? El texto es muy claro: no se puede vivir de rentas, hay que reformularse cada día, estar en constante renovación y búsqueda, puliéndose cada día.
Vero

martes, 6 de noviembre de 2012

Tempus fugit

Tempus Fugit, “el tiempo vuela”. O eso es lo que he aprendido durante este verano. Reconozco que ha sido lo último que esperaba descubrir, pero así ha sido. A cada segundo estamos más cerca del fin. Vemos la vida pasar intentando saborear cada uno de los buenos momentos que vivimos. También nos lamentamos de eso que nunca pasó o nunca hicimos. Pero sobre todo, nos arrepentiremos cuando nos demos cuenta de que el tiempo pasa inexorablemente y lo hayamos hecho demasiado tarde. 

Drogodependientes. Esa ha sido mi realidad en el verano del 2012. Se les ha colgado la etiqueta de “yonquis” de forma despreciativa y no nos paramos a pensar que no por ello dejan de ser personas. Son personas con problemas, pero personas. He aprendido más en una semana sobre el mundo en el que se han movido que durante toda mi vida haciendo caso a las charlas “anti-drogas” del colegio. 

Mi experiencia con ellos me ha demostrado que tenemos que abrazar el tiempo durante todo momento. No nos podemos permitir el lujo de que cuando levantemos la vista nos encontremos con que algo anda mal en nuestra vida. Para cuando ellos abrieron los ojos se encontraban delante de un juzgado o gastándose el poco dinero que les quedaba en pasar el mono. Abrir los ojos les supuso descubrir que en lugar de dinero no tenían más que problemas. 

En vez de echarse para atrás han decidido afrontar el problema y por eso están en el centro al que acudí; para alejarse del mundo de las drogas. Gracias a ellos, a partir de este verano podré recordar unas cuantas conversaciones que he tenido, de las que quiero destacar un par: 

La varita mágica para curarnos la tiene cada uno de nosotros” Proyecto Hombre es una organización que ofrece la ayuda necesaria para que una personas pueda dejar las drogas y ahí es donde he estado durante algo más de una semana. Ellos mismos son los primeros que piensan que tienen que conseguir alejarse de este mundo por si mismos, y para ello tienen que aceptar la ayuda de los demás. Empiezan un proyecto personal de autoayuda: necesitan aprender a convivir, en qué invertir el tiempo libre, cómo ordenar su vida de tal forma que lleguen a ser completamente autónomos, etc...

“- ¿Vosotros, cuál es la razón de que estéis aquí con nosotros? ¿No os da miedo? - … ¿Y tú? ¿Tienes miedo de nosotros? Al fin y al cabo no nos conoces de nada.” Tienen miedo de la sociedad, porque la sociedad tiene miedo de ellos. Nos veían como una excepción más dentro de esa regla absurda. Éramos aquellos que íbamos cada tarde a pasar el día con ellos: comíamos con ellos, jugábamos a baloncesto con ellos, paseábamos juntos, les acompañábamos al médico, reíamos sus chistes, ellos los nuestros... Hacíamos todo aquello que el resto de la sociedad no quería. Me he sentido como un bar-man al que contaban sus inquietudes. Veían alguien que quería hablar con ellos, que era capaz de escuchar sus palabras y no se echaban para atrás. Me han dado consejos, me han deseado suerte en mi vida, han bromeado conmigo e incluso creo que se habrán acordado de mi el siguiente día de dejar el centro. 

Adiós chicos. ¿Mañana venís?” Una imagen vale más que mil palabras. Y hay veces en las que en un par de palabras ves más que en un libro entero. Nuestra función no era otro que la de acompañarles; romper la rutina. No teníamos que colaborar con los monitores para conseguir que dejen las drogas, puesto que no estamos preparados profesionalmente para ello. Durante ocho días he ido al centro donde ellos llevan a cabo sus tareas y su vida en general para comer con ellos, para pasar el rato y, sobre todo, para vivir entre ellos. Me atrevería a decir que durante estos días he podido participar de su vida (ser parte de su vida). No quiero decir que dentro de 5 años me recuerden como ese chico maravilloso gracias al cual pudieron seguir adelante. No lo harán, pero me gusta saber que para ellos he sido una persona que les demostraba que no todo el mundo es igual de idiota. Que no todos piensan igual. Que en mí veían a esa persona que decidía pasar parte del verano con ellos.

Porque vale poco hablar de boquilla si luego te quitas el problema de encima. Porque me han demostrado mucho más un grupo de drogodependientes que los monitores que llevaban el centro. Su labor no es poca ni mucho menos, pero se limitaban a hacer el trabajo de oficina y poco más. Porque, a diferencia del ser humano, el dinero nunca ha hecho nada bonito. Porque vale más una postura y un gesto que miles de apariencias. Porque no hay nada peor en el mundo que un tonto con ganas de trabajar. Porque si haces algo tan interesante como ser responsable de la ayuda a los drogodependientes que quieren curarse, hazlo bien. Porque todo es posible y hacerlo bien es importante. 

Asier de Arriba

domingo, 4 de noviembre de 2012

Evangelio del día: Marcos, 12,28-34

En aquel tiempo, se acercó a Jesús uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos». Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Tengo un amigo en Pamplona.

Se llama Jonatan, acaba de hacer dieciocho años y antes vivía en Barakaldo, pero como os digo, ahora en Pamplona. Es como todos los jóvenes de su edad. Ha empezado la universidad en octubre, tiene varios hermanos, mil paranoias, le da un miedo horroroso quedarse solo y el futuro incierto también le acongoja un poco. 

Es absurdo, pero a veces me da vergüenza decir que tengo un amigo que vive en Pamplona, que estudia el grado en Filosofía y que dentro de ocho años - espero - me casará. Porque Jonatan es seminarista.

Viven de la divina providencia, de lo que el seminario les da y lo que la comunidad de laicos con la que comparten vida les ofrezca. No tienen permitido usar Internet tan libremente como en casa y el teléfono móvil lo entregan cuando deciden irse a vivir allí. Por eso, cuando recibo sus llamadas o sus e-mails, mi casa es una fiesta, y los días negros se vuelven de colores. 

Es absurdo que me dé vergüenza hablar de él, porque es tener que explicar cosas que no todo el mundo entiende. A veces ni sus propios amigos o su propia familia lo entiende. Pero Jonatan es una de esas personas que Dios me regaló y que, cuando viene a casa, es un hijo más de mis padres.

Aquellos que no entienden y se ríen de qué es eso de que todos somos hermanos es que nunca han tenido a alguien en su vida que traspasa las relaciones que la sociedad nos impone, traspasa las barreras de la amistad, el lazo es tan fuerte que no hay una etiqueta social concreta. Solo la obvia. Tu casa es mi casa. Tus alegrías son las mías. Tus penas son las mías. 

Tu ausencia es la mía. 

Tú eres mi hermano.

Tengo enchufe directo con Dios, porque sé que Jonatan reza por mí cada día.

Espero que, al leer esto, a todos se os hayan venido vuestros hermanos a la cabeza.

Sofía

martes, 30 de octubre de 2012

Otra forma de campamento

Cuando estoy en clase con mis amigos y sale el tema de los campamentos no puedo evitar sentirme orgullosa y pensar que nadie sabe lo que es de verdad uno. Hablan de campamentos en Estados Unidos, de baloncesto…, incluso con actividades deportivas y cosas así. Para mí un campamento significa mucho más y eso es porque al que voy yo tiene un apellido: MENESIANO.

Os voy a contar mi experiencia de este año:

Yo llevaba mucho tiempo queriendo ir a un campamento volante como monitora, ya que para mí habían sido grandes experiencias, y este año por fin me dieron la oportunidad. Al principio estaba muy ilusionada, pero me acuerdo que el primer día las dudas y el miedo empezaron a apoderarse de mí: ¿sería capaz de transmitir a los chavales lo que sentía? ¿Me harían caso? ¿Y si no me aceptaban? ¿Me respetarían?

Cuando nos juntamos los monitores, empecé a ver que se hacía realidad, “La Comunidad de la Cruz” de 2012 estaba naciendo.

Poco a poco y día a día fuimos caminando intentando conseguir ese desafío de coronar el pico de San Lorenzo. En realidad ese era un desafío común, pero iba más allá, ya que cada uno teníamos nuestro propio desafío. Lo que más me llamó la atención es que para muchos de los chavales el principal desafío era que TODOS pudiéramos acabar el camino juntos.

La Comunidad de la Cruz nos dio la oportunidad de pensar en lo que realmente importa, de valorar si es más importante vivir acompañado o rodeado de cosas, de sentir que eres capaz de acabar más cansado para aliviar a los de tu alrededor, de ver lo insignificantes y a la vez lo imprescindibles que somos…

Yo esperaba ir a hacer un servicio como monitora pero en realidad creo que la que más se llevó fui yo. El hecho de que tanto los monitores como, por supuesto, los chavales confiaran en mí hace que sea una experiencia difícil de olvidar.

Creo que esa es la diferencia con otros campamentos: en un campamento menesiano te dispones a dar y acabas recibiendo mucho más.

Para mí fue un chute de ganas para empezar este año con toda la fuerza.

Solo me queda dar gracias a todos los que lo hicieron posible: tanto a Iván, Jokin, Víctor, Sara, Javi o Naiara (aunque no pudieran estar los tuvimos muy presentes) como a los chavales, porque ellos son el motivo de todo lo que hacemos y de que nos siga mereciendo la pena.

Gracias.

Elena Casado